¿Por qué moriríamos si las abejas se extinguen? El impacto real en la alimentación y el equilibrio del planeta
Respuesta rápida
No moriríamos de forma inmediata si las abejas se extinguieran, pero nuestra producción de alimentos colapsaría progresivamente. Las abejas son polinizadoras clave de cultivos esenciales. Sin ellas, gran parte de frutas, verduras y semillas disminuiría drásticamente, afectando la biodiversidad, la economía y la seguridad alimentaria global.
Cuando una abeja visita una flor, no está “ayudando” intencionalmente al planeta. Está buscando néctar. Pero en ese proceso transporta polen de una flor a otra, permitiendo la reproducción de las plantas. A eso se le llama polinización.
Se estima que alrededor del 75% de los cultivos alimentarios del mundo dependen en algún grado de polinizadores, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. No todos dependen exclusivamente de abejas, pero muchas especies agrícolas sí las necesitan para producir frutos viables y abundantes.
Sin polinización, las plantas pueden florecer… pero no dar fruto.
¿Realmente “moriríamos”?
Aquí conviene ser rigurosos. La frase “si las abejas desaparecen, la humanidad muere en cuatro años” suele atribuirse a Albert Einstein, pero no existe evidencia sólida de que él lo haya dicho. Es una simplificación dramática.
La realidad es más compleja.
No todos los cultivos dependen de abejas. El trigo, el arroz y el maíz —base calórica global— son polinizados por el viento. No desaparecerían.
Pero sí perderíamos o veríamos encarecidos alimentos como manzanas, almendras, arándanos, zapallos, café, cacao y muchas hortalizas. Nuestra dieta se volvería más limitada, menos diversa y nutricionalmente más pobre.
No sería una extinción humana inmediata. Sería un deterioro progresivo del sistema alimentario.
El efecto dominó ecológico
Las abejas no solo sostienen cultivos comerciales. También polinizan plantas silvestres que alimentan a insectos, aves y mamíferos.
Si disminuyen esas plantas, disminuyen las especies que dependen de ellas. Y cuando cae un eslabón, el ecosistema entero se reconfigura. La biodiversidad no es decorativa. Es estructura funcional.
La desaparición masiva de abejas alteraría cadenas tróficas completas —las redes de alimentación que sostienen la vida en un ecosistema— afectando estabilidad, suelos y resiliencia ambiental.
¿Las abejas están realmente en peligro?
Sí, pero no al borde de la extinción total. En muchas regiones se ha observado el llamado “colapso de colonias”, un fenómeno asociado a pesticidas, pérdida de hábitat, parásitos y cambio climático.
El problema no es apocalíptico en términos inmediatos, pero sí estructural. Las poblaciones de polinizadores están bajo presión constante.
Y cuando un sistema complejo pierde estabilidad, las consecuencias no son lineales. Son acumulativas.
Preguntas frecuentes sobre las abejas y su impacto
¿Solo las abejas polinizan?
No. También lo hacen mariposas, murciélagos, aves e incluso el viento. Pero las abejas son especialmente eficientes y numerosas.
¿Podríamos reemplazarlas con tecnología?
Existen intentos de polinización manual o drones experimentales, pero replicar el trabajo de millones de insectos de forma masiva sería logísticamente complejo y económicamente inviable a gran escala.
¿La miel es lo más importante que producen?
No. Desde el punto de vista ecológico y alimentario, su rol como polinizadoras es mucho más crucial que la producción de miel.
Más allá del dramatismo
La pregunta no es si moriríamos al instante. La pregunta real es cuánto depende nuestra estabilidad de procesos biológicos que casi nunca vemos.
Las abejas no sostienen el mundo solas. Pero forman parte de una red delicada que hace posible que el supermercado esté lleno, que los ecosistemas respiren y que nuestra dieta sea diversa.
Cuando algo parece pequeño —un insecto de pocos gramos— puede sostener estructuras gigantescas.
Y eso es precisamente lo que aquí dejamos… Sobreexplicado.
Si este tema parecía exagerado al principio, hay muchos otros fenómenos cotidianos que también merecen ser desmontados. Porque lo obvio, ya lo sabes, siempre necesita explicación.