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¿Por qué en la ciudad no se ven estrellas? La explicación científica detrás del cielo urbano

Respuesta rápida


En la ciudad no vemos estrellas principalmente por la contaminación lumínica. La luz artificial de calles, edificios y anuncios se dispersa en la atmósfera y genera un brillo que opaca la luz tenue de las estrellas, haciendo que desaparezcan de nuestra vista.

Las estrellas siguen ahí. No se apagan cuando entramos a la ciudad. Lo que cambia es el fondo del cielo.

En entornos rurales, el cielo nocturno es oscuro. En ciudades, la luz de faroles, vitrinas y pantallas LED se proyecta hacia arriba. Esa luz choca con partículas de polvo, vapor de agua y contaminantes en el aire, y se dispersa en todas direcciones.

El resultado es ese “halo” anaranjado o blanquecino que cubre el cielo urbano. Ese brillo artificial supera en intensidad la luz de la mayoría de las estrellas, que ya de por sí es extremadamente débil cuando llega a la Tierra.

La física detrás del fenómeno

La dispersión de la luz ocurre porque la atmósfera no es un vacío perfecto. Está llena de moléculas y partículas suspendidas. Cuando la luz artificial interactúa con ellas, se produce un fenómeno llamado dispersión.

Es el mismo principio que explica por qué el cielo es azul durante el día: la dispersión de la luz solar en la atmósfera. En la noche urbana, en lugar de luz solar, lo que se dispersa es luz eléctrica.

El problema no es solo cuánta luz emitimos, sino hacia dónde la dirigimos. Luminarias mal diseñadas envían parte de su luz directamente al cielo, desperdiciando energía y aumentando el resplandor nocturno.

¿Cuántas estrellas dejamos de ver?

En condiciones ideales, lejos de ciudades, el ojo humano puede ver alrededor de 5.000 estrellas en todo el cielo nocturno (aunque no todas al mismo tiempo).

En una gran ciudad, esa cifra puede reducirse a apenas unas decenas. Las más brillantes sobreviven. Las demás quedan invisibles.

Es como intentar ver luciérnagas frente a un estadio iluminado.

¿Es solo un problema estético?

No. La contaminación lumínica afecta ecosistemas nocturnos, altera ciclos biológicos de animales y puede influir en ritmos circadianos humanos (los ciclos internos que regulan sueño y vigilia).

Además, dificulta la investigación astronómica. Observatorios deben instalarse en zonas remotas y elevadas para escapar del brillo urbano.

No es casualidad que grandes centros astronómicos estén en lugares como el desierto de Atacama en Chile, donde la combinación de baja humedad y mínima contaminación lumínica permite observar el universo con claridad excepcional.

¿Se puede revertir?

Sí, en parte. Iluminación dirigida hacia abajo, uso de luces cálidas en vez de blancas frías, reducción de intensidad innecesaria y apagado de publicidad nocturna son medidas que ya se aplican en algunas ciudades.

No se trata de apagar las ciudades. Se trata de iluminar mejor.

Preguntas frecuentes

¿Las estrellas desaparecen realmente en la ciudad?

No. Siguen ahí. Simplemente su luz queda superada por el brillo artificial.

¿La contaminación del aire influye?

Sí. Más partículas en suspensión significan mayor dispersión de la luz urbana.

¿Por qué en la montaña se ven más estrellas?

Porque hay menos iluminación artificial y, generalmente, aire más limpio y seco.

Mirar hacia arriba, otra vez

Las estrellas que no vemos desde la ciudad siguen enviando su luz a través de millones o miles de millones de kilómetros. Algunas de esas luces partieron antes de que existiera la humanidad.

No desaparecieron. Nosotros encendimos algo más brillante.

Y cuando algo tan inmenso como el universo puede quedar oculto por algo tan cotidiano como una farola, queda claro que lo evidente —o lo invisible— casi siempre necesita ser revisado.

Eso es lo que hacemos aquí. Lo que parece simple, lo dejamos… Sobreexplicado.

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